domingo, 26 de febrero de 2012

En 1567, el Duque de Alba instaura el Tribunal de los Tumultos para acabar con el problema protestante.
La negativa de Felipe II a favorecer la tolerancia religiosa desencadena graves disturbios, que culminan con la quema de iglesias en Amberes, Amsterdam, Gante y otras ciudades a lo largo de Agosto de 1566. La respuesta de Felipe II es el envío de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, , virrey de Nápoles, con un ejército de 18.000 infantes. Este llega a los Paises Bajos el 8 de Agosto de 1567, y trás crear el Tribunal de los Tumultos inicia una sistemática persecución y represión de los rebeldes. Tal es su celo, que la gobernadora, Margarita de Parma, protesta ante Felipe II y renuncia a su cargo. La sustituye el mismo duque de Alba.
El Tribunal de los Tumultos que se gana el sobrenombre de El Tribunal de la Sangre, está compuesto por siete magistrados bajo la presidencia del duque de Alba, que tiene la última palabra en las sentencias. Durante los 3 primeros meses de funcionamiento llega a condenar a muerte a 247 personas. Entre ellas están los condes de Egmont y de Horn, católicos y exconsejeros de Margarita de Parma, acusados de colaboración con el príncipe de Orange.

Afirmaba J. Joubert, en "Pensamientos":
"El castigo de los malos príncipes consiste en que se les juzgue peores de lo que son".
En un momento en que España ha perdido la vergüenza, los modos y, sobre todo, cualquier principio, raíz o precepto moral y ético, imprescindibles para desarrollar la necesaria convivencia armónica; en un momento en que el populacho (no puedo denominarlo de otra manera, aunque me duela) exalta, idolatra y reverencia a asesinos, ladrones y enemigos de la patria; en un momento en que la corrupción más abyecta, la que juega con la seguridad, la educación, la justicia y el cocido de los ciudadanos, es decir, con el estado de derecho, que el Jefe del Estado, garante de una apacible, dentro de lo que cabe, sociedad "democrática", se manifieste, reiteradamente, y ya de manera explícita, a favor de un imputado por latrocinio en perjuicio de los más desfavorecidos, pertenezca o no a su familia "politica", y nos espante declarando que si su hija también resulta imputada él la va a apoyar; en un momento en que los españoles sabemos que el rey y la reina prácticamente no se hablan ni conviven, y el que no lo sepa es un desinformado total, y el príncipe heredero ha roto relacciones con más de media familia, es cuando yo estoy convencido que la próxima estación de este destartalado tren es una república federal. Y todavía peor, tal parece que a la corona, en su conjunto, esto les trae al fresco, enredados como están en ajetreos y rivalidades domésticos, como afirmó el berzotas de Zapatero, es "un rey muy republicano".
Y peor aún, no me corto un ápice al afirmar que Rajoy está en la pomada.
El ministro de defensa, Morenés, ha proclamado que la crisis económica se ha transformado en un asunto de seguridad nacional. Al tratarse de un ministro de defensa, parecería que se refiere a la precaria situación de las fuerzas armadas, que también, pero ello es una verdad como un templo a todos los niveles; otra cosa es que el español, marcado a fuego por ocho siglos de convivencia moruna, sea incapaz de decir esta boca es mía aunque le pisen el estómago (los que salen a protestar son profesionales de la agitación y cobran por ello), mientras tengan una hembra, una televisión y pertenezcan a un club de fútbol. Y esta ignorancia patria, que detestaba y denunciaba Ramón y Cajal, nos viene librando de otra nueva guerra civil que, por estadística histórica, ya tocaba. Pero, insisto, que el poder en la nación lo ostenten los criminales, los vagos, los trincones y misacantanos del capitalismo más atroz, y la generalizada prevaricación y cohecho institucional repugnante donde los haya, al Jefe del Estado no le ha quitado el sueño en décadas, dedicándose a pedir armonía y esfuerzo a los españoles en sus diatribas navideñas, como únicos mensajes de tranquilidad, para no molestar a nadie, y ahora se instale, ignorando su papel, al lado de los "enemigos de la corona española". A mí me resulta libertino.
En efecto, lo dijeran o no lo dijeran los mayas, el año 2012 va a saltar a la historia por traumas sociales, políticos y religiosos (en el Vaticano la corrupción, siempre latente, surge ya de las profundidades de la encenagada ambición eclesiástica), que nos van a arrastrar a todos y por no haber tomado medidas justiciables (aunque la justicia se la tome uno por propia mano al no existir la otra) a tiempo.
En palabras de Juan II de Francia apoyaremos nuestro recuerdo actual:
"Si la buena fe y la justicia fuesen desterradas del mundo, precioso sería que encontrasen asilo en el corazón y en la boca de los reyes".

Buenas noches.