miércoles, 30 de junio de 2010

Finalmente hemos alcanzado un momento decisivo en la historia del siglo XIX, sobre el que daré unas pinceladas, aunque para una información más completa, aconsejo leer mi libro "UN PAÍS INGOBERNABLE", de Editorial Creación.
Resulta que Isabel II, cuyos aciertos durante su gobierno pueden contarse con los dedos de una sola mano (y desde luego muy inferiores que el número de sus amantes), estaba sentenciada, aunque su caprichosa soberbia no le permitía darse cuenta; sus días como Reina de España estaban contados.
Así las cosas, mientras la reina se encontraba de vacaciones en San Sebastián con uno de sus amantes, en Septiembre de 1868, y habiendo muerto O´donell el año anterior, con lo que su partido liberal distribuyó sus miembros entre republicanos, progresistas, demócratas y nuevos liberales, contempló con cierto desdén, como el almirante Topete desembarcaba en Cádiz seguido por la armada y parte del ejército al mando de Serrano, Prim, (que había salido disfrazado desde Londres hasta Gibraltar), y varios altos militares más. A esta revolución se conoce en la historia como LA GLORIOSA.
Tras la lectura de una proclama revolucionaria contra Isabel, se toma la decisión de hacerse con el gobierno del país, (pero para volver a nombrar un nuevo rey) postura a la que se sumaron fuerzas más radicales que buscaban implantar una revolución burguesa o incluso social.
Muere Narvaez. Según avanzan los ejércitos revoltosos hacia el norte, se les va uniendo una gran parte de las fuerzas, salvo un grupo, mandados por Pavía, que apenas ofrecieron una tenue resistencia en tierras de Alcolea.
Isabel II, empezó a ver las cosas de color hormiga y no dudó en pasar la frontera, con el amante de turno, y exiliarse en Francia.
El golpe había prosperado. Se formó un gobierno provisional regentado por Serrano y ocupando Prim la cartera de Estado, y posteriormente la de Guerra y Jefe del Gobierno. Muy pronto quedará claro que el prestigio de Juan Prim eclipsaba con mucho al del regente Serrano.
A partir de entonces España comenzará una etapa histórica nueva, con consecuencias insospechadas.

Por cierto, que nadie tema que uno de los miembros de la canalla sindicalista se atreva a provocar una revolución social marxista leninista, (al menos de momento) aunque lo intentarán sin cansancio, eso sí desde las tribunas, no dando la cara, arropados por la masa juramentada, porque son unos cobardes. Van amenazando con "reventar Madrid" y "entrar a matar", etc. ¡Pero que van a reventar nada! Si acaso apalear a un indefenso trabajador entre cincuenta vagos de estos. ¡Cobardes! ¡Chusma! y bien "pagaos", que es lo que son. Esta actitud mafiosa, nacional socialista, es añeja, una constante de los "derechos" de los "trabajadores" desde hace décadas, y suelen acompañarse con el sabotaje de medios de comunicación, sin preocuparles si el mismo puede poner en riesgo la vida de los usuarios, el bloqueo de las cerraduras o por el contrario, el asalto de locales públicos o privados o de las sedes de partidos políticos, y agresiones lanzando objetos metálicos, o piedras, tan letales como las balas, contra los medios de comunicación o lugares de trabajo, ocupados por personas indefensas.
Esta gentuza sabe que pueden saltarse cualquier ley a la torera, porque nunca van a ser reprimidos, ya que trabajan, bien remunerados, al servicio del gobierno, si es de izquierdas, o de fuerzas opositoras progres. Aquí siempre podemos encontrar jueces, fiscales, policías, militares...Y hasta médicos, capaces de atropellar y quebrantar cualquier ley, por sagrada que resulte para los demás ciudadanos, incluida la Constitución, que han arrastrado cualquier intento democrático o de estado de derecho por el cieno, que, paradógicamente, era más tranquilizador en época del dictador, que en el postfranquismo (de hecho Zapatero ha prometido a los catalanes saltarse la Constitución y sortearla con leyes redactadas a su conveniencia).
Lectores extranjeros, no tengan la menor duda, España no es un país democrático, y mucho menos un estado de derecho; jamás lo ha sido despues de la muerte de Franco. Y en el momento actual es, incluso un estado peligroso.

martes, 29 de junio de 2010

Poco despues de la experiencia frustrada de Villarejo de Salvanés, y, como ya comentamos, atravesando una situación económica calamitosa, que, por cierto, coincidía, y era consecuencia, con una crisis económica europea y bancaria nacional, la calma, en absoluto había llegado a las bayonetas.
Una nueva sublevación se preparaba para final de Junio de 1866, bien planeada en principio, aunque el capitán Baltasar Hidalgo, que actuaba en nombre de democráticos y progresistas, en contra de la postura de los liberales de O´donell, se precipitó e inició el motín en el Cuartel San Gil de Artillería de Madrid, con intención de asaltar el Palacio Real, secuestrar a la Reina y derribar la monarquía.
Las tropas revoltosas, victoriosas en un principio, consiguieron llegar hasta la Puerta del Sol, donde fueron, definitivamente detenidas por los batallones enviados por Serrano, Narvaez, Hoyos y Zabala.
Los combates se prolongaron hasta la noche, comenzando a retroceder los rebeldes a la presión de los leales a la Reina, hasta el mismo cuartel de San Gil, donde se hicieron fuertes. El asalto al cuartel duró toda la noche, resultando un auténtico baño de sangre. De hecho, el fracasado levantamiento en total, fue una autentica masacre.
Una vez concluidos los combates, tras amanecer al día siguiente, tendría lugar el juicio sumarísimo de los culpables, y posterior, e inmediato fusilamiento, en las tapias de la plaza de toros de Alcalá.
La insurrección del Cuartel de San Gil, resultaría uno de los episodios golpistas más ferozmente cruentos del todo el siglo XIX, si consideramos lo limitado del espacio en que tuvo lugar en virtud de una decisión audaz y resuelta de sus protagonistas, precursor inmediato del definitivo pronunciamiento que acabaría con el reinado de Isabel II, y, temporalmente, del reinado de los Borbónes y en general de la Monarquía.

Pero antes de adentrarnos en esta decisiva peripecia, voy a sugerir a los lectores que vayan preparando su capacidad de examen y verificación, almacenando en la memoria, para el final de este recorrido por los motines, golpes de estado, sediciones, revueltas, disturbios e ilegales despóticos atropellos, perfectamente diseñados de manera alevosa, para conseguir un fin político a costa de la vida, la seguridad, y la estabilidad, a la que tienen derecho los ciudadanos amantes de una vida en paz, auténticos trabajadores al servicio de su país, sus compatriotas y el futuro de sus hijos, que memoricen, digo, los sucesos que en estos días protagonizan los sindicatos de "izquierdas", amenazando la integridad física, en definitiva la vida, y la seguridad de los vecinos de Madrid, esgrimiendo la careta de trabajadores del Metropolitano ejerciendo su derecho a la huelga, no siendo otra cosa que hienas bien comidas, bien bebidas y suficientemente pagadas por oscuras mafias progres, para llevar a cabo, una vez más la provocación que consideran necesaria y suficiente para llevar al país a un violento cambio de régimen, a través, no me cabe la menor duda, del asesinato, si se distribuyeran armas, y la quema, no de iglesias, de momento, sino de las sedes de partidos políticos que les estorban para sus propósitos.
Cada día añadiré un trance para no olvidar.

domingo, 27 de junio de 2010

El gobierno de Isabel II no se caracterizó, precisamente, por sus aciertos, pero sí por sus apoyos a ciertos militares en detrimento de otros que ambicionaban ese favor. En aquella época el poder real de los generales y su influencia en la acción política era un hecho irreparable; tanto se les había consentido y utilizado para los propósitos de la corona durante años, que ahora, a ver quien le "quitaba" la sardina al gato.
Pues sucedió que la mala administración, la nefasta gobernación de la nación dio, en 1865, al traste con la fiscalidad del estado provocando la irreparable ruina del tesoro público. Hubo quien comenzó a divulgar, en la Universidad y sobre panfletos de propagación pública, la necesidad de volver a desamortizar los bienes de la Iglesia. A ello respondió, por un lado, el gobierno Narvaez con la prohibición de proclamar en las cátedras opiniones contrarias al Concordato firmado en 1851 entre Bravo Murillo y la Santa Sede, según el cual se devolvía a la Iglesia el dominio de los bienes desamortizados anteriormente, y por otro lado la reacción de Isabel II, cediendo el 75% de los bienes de la corona para ayudar a tapar el enorme agujero.
Este gesto sería generalmente aplaudido por la mayoría, salvo por Castelar, a la sazón catedrático de Historia, que firmó un manifiesto en que afirmaba que el otro 25% de los bienes de la corona también pertenecían al pueblo, y acusaba a la reina de apropiación indebida.
Bueno pues se lió la mar y morena. El Ministro de Fomento Alcalá Galiano exigió al Rector de la Universidad que destituyera a Castelar. El Rector Montalbán dijo que no le daba la gana, y fueron destituidos ambos. Los estudiantes se niegan a aceptar aquel atropello, y el día 10 de Abril de 1865, la noche de San Daniel, se manifiestan en la Puerta del Sol, donde les estaban esperando tropas, allí reunidas, que dispararon y cargaron a la bayoneta contra los manifestantes, provocando un saldo de 14 muertos y 193 heridos.
El hartazgo general sobre una política errática de años, quedó rematada por este abuso de poder del la cartera Narvaez, dando lugar a un nuevo golpe militar, protagonizado en esta ocasión por el rebelde e impositivo general Juan Prim, que levantó a varios regimientos en la localidad de Villarejo Salvanés, y marchó sobre Madrid, donde le estaba esperando O´donell con los ejércitos fieles a la corona. Más, por el camino, los principales mandos comenzaron a desertar, de modo que Prim optó por no llegar hasta la capital y escapar a Portugal facilitando que la conjura quedara desbaratada.
El pronunciamiento fracasó pero ello sirvió, conociendo a Prim, de aviso a Isabel. Fue un primer ensayo. El futuro nos lo demostrará.

viernes, 25 de junio de 2010

Tras concluir la Segunda Guerra Carlista y hasta el comienzo de la Tercera, en 1872, tuvieron lugar sucesos de notable interés para nuestros propósitos, aunque desde 1848, fin de los levantamientos de Madrid y del Regimiento España, hubo un periodo de relativa calma, hasta que en 1854 se organizó un follón de mucho cuidado que se ha llegado a conocer como La Vicalvarada.
La verdad es que el evento tuvo miga. El 28 de Junio de 1854 se produce un levantamiento militar, un golpe de estado militar, encabezado por dos primeros "espadas": O´donell y Dulce y, como no, con la colaboración inteligente del "paleto", Espartero.
Durante el levantamiento, el pueblo soberano, que se apunta a un bombardeo para juerguearse, aunque sea con "la roja", de Madrid, con la asistencia militar, asaltan e incendian edificios públicos, e incluso los domicilios privados de miembros del gobierno , linchando hasta la muerte a algunos representantes públicos, como el jefe de la policía, y atacando e incendiando los palacios de los nobles de la capital.
Es posible que a muchos progres actuales devotos de la ceja y tal, les parezca muy bien. Hay que acabar con los opresores aristócratas, y chupones nobles explotadores del pueblo. Pero ocurre, hijos míos, que los dos vencedores de la asonada, y beneficiados del golpe con sendos carguitos como Presidente del consejo de Ministros, y Ministro de la Guerra, a saber, respectivamente Espartero y O´donell, eran, el primero: Príncipe de Vergara, duque de la Victoria, de Luchana y Morella y Vizconde de Banderas, y el segundo: Conde de Lucena ¿Vale? En fin, no sé porqué me ha venido a la memoria el 11-M.
Total que durante dos años, más o menos, España tuvo un gobierno "liberal", hasta que, inevitablemente, O´donell y Espartero entraron en conflicto. La Reina apoyó al primero y Espartero se fue a hacer puñetas.
¿Y porque doña Isabel otorgó su apoyo a O´donell? Pues muy sencillo, porque antes le había otorgado otros bienes corporales y no le iba a desairar; ¡Vamos! que el apuesto militar se beneficiaba a Su Majestad (sería solo uno de los muchos).
Claro que el fajado armígero demostró entender poco de mujeres, pues cuando la veinteañera soberana se cansó de la aventurilla, pusóle de patitas en la calle y nombró de nuevo a Narvaez.
En fin, todo muy español; volvimos a las mismas despues de un montón de muertos, vergonzosos procederes y mierda liberal para el pueblo... Esto me suena.

Nos encontramos en medio de la Segunda Guerra Carlista, que daría inicio con el Levantamiento de Ros de Eroles, así conocido Bartolomé Porredón, experto comandante a las órdenes de Zumalacárregui en la Primera Guerra Carlista, e instalados al comienzo del reinado de Isabel II, en el año 1848.
En Europa, particularmente en Inglaterra, tienen lugar levantamientos y motines de origen revolucionario en relación con las doctrinas divulgadas por Marx y Engels, en su Manifiesto Comunista; la Revolución Liberal se extiende por Europa.
Hemos de tener presente que los términos liberal o conservador, a mediados del siglo XIX, no albergaba el mismo contenido conceptual, ni mucho menos, que el que tiene en la actualidad. No obstante la mayoría de los historiadores cree que tras el Alzamiento Civil de 1848, que se produjo con más incidencia en Madrid y Andalucía, planeaba la influencia de aquellas nuevas ideas importadas del Viejo Continente. Pero no hemos de olvidar que semanas despues de producirse el alzamiento civil, el Regimiento España de la capital, se unió a los levantiscos, y aquí, aunque el apoyo a la causa liberal era evidente, existían otros innegables apoyos de carácter logiaco, fácilmente reconocibles.
Sea como fuere, el gobierno Narvaez, inmerso en la Guerra Civil de Cataluña con los seguidores de Carlos VII, y aguantando las crisis histéricas de una reina adolescente maleducada y caprichosa, que ya daba muestras de un furor uterino que no la abandonaría a lo largo de toda su vida, no estaba para templar gaitas, y el fusilamiento de los implicados terminó con el asunto. O al menos eso creía Narvaez.
No puede evitarse la tentación de creer que la inacabable sucesión de motines, pronunciamientos y golpes de estado, que tienen lugar a lo largo del siglo XIX (y también del XX), tuvieron como razón desencadenante la exigencia ante el gobierno de turno de que aceptara la implantación de una ley suprema de carácter liberal, como la Constitución de 1812. Pero eso no era así, pues los intereses implicados en estos sucesos, además, iban desde la seducción por desestabilizar el sistema para provocar un cambio de régimen, (no solo de gobierno) de hacerse con el poder para dominar con doctrinas determinadas a la sociedad, hasta, simplemente cambiar un mandatario, un rey o un gobierno, o controlar el poder militar, religioso o económico del momento. Esta reflexión creo que quedará patente a lo largo de este recorrido histórico por nuestros personales golpes de estado durante un siglo y medio de duración.

martes, 22 de junio de 2010

Pues señor, resulta que en el mismo año en que la jovencita Isabel II cumplía los 13 años, y era declarada mayor de edad para gobernar, tenía lugar un un intento de golpe de estado más, en la línea de lo que ya era, más que una costumbre, un pernicioso vicio. Cualquiera diría que no se había encontrado otro modo de oponerse al rival, al adversario político, que no fuera mediante el consabido sablazo, naturalmente tras la consabida intriga masónica, en la mayoría de los casos.
Se conoce como el Pronunciamiento de Lugo, el ocurrido el 2 de Abril de 1846:
El coronel Miguel Solís y Cuetos, impulsado por un ánimo regionalista, se deja embaucar por células civiles de profesionales e intelectuales, naturalmente de inspiración masónica, que por aquellos tiempos habían desarrollado un poder excepcional en Bélgica, para conseguir la instauración en el país de las dos naciones belgas, a las que solo une el odio, de un gobierno laico, tras la abolición del cristianismo (ya fuera catolicismo o protestantismo), y lanza las tropas a su mando, concretamente el 2º Regimiento de Zamora a los caminos gallegos, en demanda de apoyo a sus pretensiones.
En realidad, independientemente de tratarse de un pronunciamiento más, trufado de los mismos condicionantes que hasta ahora hemos podido analizar someramente, podemos considerar que se trató de la primera insurrección de carácter independentista gallego de la historia (los catalanes tenían ya siglos de "joder la marrana" a sus espaldas).
En definitiva, que los apoyos del coronel Solís, ya nombrado Capitán General de Galicia, eran tan débiles que no les resultó difícil, al ejército gubernamental, mandado por Gutierrez de la Concha, derrotarle, en las afueras de Santiago de Compostela.
Algunos huyeron a Portugal, pero la mayoría de los rebeldes serían ejecutados a los pocos días; él mismo será fusilado.
En realidad, me resulta difícil identificar una revolución de trascendencia o de poca monta, pero con ideas más profundas, desde el siglo XVIII, en que no haya estado implicada alguna importante logia masónica, salvo la revolución bolchevique rusa, que yo sepa. Tomemos nota, porque estos no se han rendido aún (en este momento Rodriguez es masón, al igual que muchos de sus adláteres), ni se rendirán nunca, pues su proyecto es global.

domingo, 20 de junio de 2010

Con la reina incapaz de ostentar de manera efectiva la corona, pues tenía 10 años, el ruido de sables por hacerse con un interino poder, pero fundamental para dejar impresa su voluntad en el futuro gobierno de la futura monarca, es continuo.
En medio de tanta intriga política, y pronunciamientos militares un día sí y otro no, (por cierto, en Reus sería Milans del Bosch, que sería origen del levantamiento en toda Cataluña contra Espartero) el general Zurbano saca las tropas a la calle desde Barcelona. El coronel Prim marcha a Reus, su ciudad natal, donde dirige una entusiasta arenga a los nativos de la localidad. Espartero, como sabemos, acaba por marchar a Inglaterra, cuando, tanto las tropas de Prim desde Reus, como las de los ejércitos conservadores, desde Valencia, marchan, a uña de caballo sobre Madrid.
Narvaez y Prim se hacen con la situación.
Pero, una vez que el coronel hubo salido de Reus, creyendo pacificada la región de "la pela es la pela", se produce una nueva revuelta, de modo que Prim es enviado, con la autoridad de Gobernador Militar de Barcelona, a su región de origen, cargando, nada más llegar, contra los rebeldes y acabando con la subversión. Tras esta acción es nombrado general.
Hoy he relatado someramente estos acontecimientos, usando como protagonista al, ya, general Prim, porque este prestigioso y aguerrido militar, que además era muy suyo y de carácter impositivo y enérgico, indócil, tozudo e indisciplinado, por naturaleza, portará en su levita, y a través de una vida apasionante y extravagante a veces, el empuje y la iniciativa de fundamentales acontecimientos que habrán de llegar en los años sucesivos.
No sé si los lectores estarán de acuerdo conmigo, pero a medida que desgranamos la película histórica del siglo XIX en nuestra patria, España vivió en una permanente guerra civil, al menos las dos terceras partes de su vida. Y la cantidad de golpes de estado, con o sin trascendencia y efecto, ya fuera de carácter nacional o bien local, y las sublevaciones y motines, eran interminables. Lo que equivale a decir que la inestabilidad política, y sobre todo social y económica, dominaba, dramáticamente, el panorama patrio.
Aconsejo leer en la Web de la Asociación de Médicos Escritores y Artistas, ASEMEYA, mi discurso de ingreso, acerca de la sanidad e higiene en el Madrid de la segunda mitad del XIX.
Un abrazo.