viernes, 20 de noviembre de 2015

Y en medio de tanto desequilibrio político en los "imperios" de occidente para no dejar de nadar mientras se guarda la ropa, para, como le decía Susanita a Mafalda, decir tu ¡que barbaridad! y a continuación seguir a tu rutina, para entretener al necio personal, ávido de "Gran Hermano", con las hábiles piruetas, contorsiones y cabriolas de los coros y danzas, la patética España de charanga y pandereta (aunque Machado erró en lo de "devota de Frascuelo y de María", pues no supo calcular que la progresía más rancia, nos acabaría negando incluso esas dos señas de identidad) no se cansa de darme motivos para acordarme de todos sus patrimoniales ancestros, y exhiben ante la perpleja galería toda suerte de estupideces, mamarrachadas y necedades que sacan del "manual del buen demócrata".
Entre tanto en esta nuestra España los comunistas, los de Podemos y ad lateres, los anarquistas, nihilistas y antisistema y socialistas de puño en alto, no sosiegan en su ansia por justificar su presencia en la política de una sociedad que no les corresponde, en un mundo que han infectado a golpe de griterío y banderola, como los godos en Italia, mientras los prebostes de una infecta "democracia" se preocupaban de emocionar al respetable con su cursi estado de derecho, su buen rollito y su alianza de civilizaciones (siempre que aceptemos como civilizados a los mahometanos). Porque si la historia no nos engaña, el marxismo o sea el comunismo ha sido la mayor lacra de todo el siglo XX. Stalin, el mayor asesino de la historia de la humanidad propagó la "peste roja" por todo el mundo, edificando núcleos de crimen, de asesinato, tortura y vulneración de todos los derechos de las personas, tal como todo el Pacto de Varsovia (muy especialmente Alemania Oriental) y la mayoría de republicas de la antigua URSS, China, la Camboya de los Jemeres Rojos, Cuba, Corea del Norte, Venezuela, la Rusia de Putin, Bielorrusia, Burma, Vietnam, etc., la mayoría de los cuales mantienen una actualidad criminal incuestionable. Mas ¿Cómo justificar la presencia de tanto asesino, de tanto forajido integrado en el tejido político y social de los países democráticos, en sus listas electorales, en sus parlamentos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales, cuando el otro polo del espectro político malhechor, el fascismo, ha sido prácticamente aniquilado por las democracias occidentales.
En primer lugar el fascismo y el nacional socialismo son dos disciplinas nacionalistas que imponen el dominio de una raza suprema manu militari, es decir invadiendo naciones vecinas para esclavizar a todos aquellos que no han querido, o no han podido incorporarse a su dogma por pertenecer a una casta despreciable que debe ser eliminada. Pero el marxismo-comunismo, naturalmente, depura, purga a tantos como resulten sospechosos de oponerse a su método revolucionario, a la revolución, a la vez que destina comisionados, no ejércitos, a otros países pasa metastatizar en núcleos sociales creando células de proselitismo, consignas, alboroto y desorden entre el pueblo llano, para derribar violentamente el sistema político y social en la susodicha nación e incorporarla a su colección de tierras sovietizadas. Al fascismo y al nacismo se los vence con ejércitos, al comunismo no. Al rancio comunismo hay que contraatacarlo con argumentos y bienestar social capitalista, y aún así siempre se encontrará agazapado para saltar a la menor oportunidad o con el soporte, el patrocinio de algún subnormal tipo ZP.  
Por otro lado las conciencias conservadoras, curiosamente, se encuentran corrompidas de complejos atávicos lo que inmoviliza su acción política, algo muy notable en España, habiéndose desplazado la doctrina nazi hacia los nacionalismos más contumaces, como el catalán. El comunismo y el socialismo marxista, en naciones democráticas no entra en el juego limpio, aunque se aprovecha de él,  por el poder, lo asalta. Nunca han perdido sus señas de valerse del asesinato (recordemos las secuelas del 11-M en España), utilizar la revolución para sus propósitos (con todos los elementos tradicionales de violencia callejera y permisividad de la delincuencia común, el equivalente de abrir las cárceles de 1931), la abolición de las libertades personales que les obstaculicen, así como neutralizar, abolir, la religión católica (solo la católica), que consideran enemigo mortal para su doctrina y las seculares tradiciones que puedan estorbar a su proyecto de llegar a imponer un estado netamente marxista (por supuesto "laicista") por la vía que fuera menester, sin lugar a dudas violenta.
Naturalmente, como comenté antes, para justificar este atropello de provecho político, esta gentuza no tiene más remedio que enarbolar excusas y argumentos que sobrepasan lo estrafalario y ridículo, como estamos oyendo y leyendo recientemente a los líderes de Podemos, sin el más mínimo rebozo ni menoscabo de dignidad y vergüenza, términos que desconocen por resultar inútiles a sus fines.
Dos observaciones más: a aquellos políticos que más han colaborado (y siguen colaborando desde la sombra) en la implantación, en el infiltrado de esta suerte de doctrina revolucionaria marxista anticapitalista, anticristiana y anti todo lo que se relacione con las costumbres, el carácter y el estilo de la nación española (léase Rodríguez Zapatero y su corrillo de necios ineptos), precisamente desde la caída del franquismo, casualmente se les conoce una relación con la masonería. La pregunta es ¿Dónde se esconde la masonería tras Pablo Iglesias y todos los extravagantes fichajes que está llevando a cabo, muchos de ellos desecho de tienta del zapaterismo?.
Y, por otro lado, aunque la respuesta parece surgir sola: ¿Qué atracción mística empuja a los socialistas/comunistas a aliarse con el crimen siempre que tienen ocasión? No es baladí que muchas de las descabelladas manifestaciones y diligencias recientes para el consumo de perro-flautas y australopitécidos intelectuales tienen relación con el apoyo a los terroristas, ahora a los musulmanes y antes a cualquiera que se oponga al sistema establecido (ETA), a los ocupas, y delincuentes de variado pelaje, así como a personajes ineducados, violentos, prostibularios/as y de aspecto cuanto más cerdo mejor.
Puede ser que exista una franja social (no sé si los que quería eliminar Hitler o candidatos a las purgas de Stalin) que se exalte con esta chusma (yo como pintor sé que para conseguir la luz en un cuadro debe pintarse sombra al lado), pero sería muy doloroso que un porcentaje curioso del electorado español desviara sus preferencias hacia trapos tan sucios esperando el imposible maná socio-político que les prometieron, pero "hay gente pa tó".
 
PD.: Sr. Rajoy, a los que nos hemos jubilado hace más de un año ¿Cómo se nos va a resarcir de la deuda de paga extraordinaria, moscosos, canosos y, ante todo, del nivel 4 de la Carrera Profesional, que nunca he percibido, a pesar de corresponderme desde su instauración, si no me equivoco, desde 2009... una pasta. Conste que si me responde el presidente me da un patatús.  

martes, 17 de noviembre de 2015

Cuantas veces habremos reflexionado desde esta atalaya de opinión sobre la falsedad de una Europa unida a través de intereses políticos, estratégicos, comerciales y ni siquiera morales a pesar de lo que tanto se ha querido divulgar sobre semejante concordia. La parodia exhibida sobre las flores y las velitas, los minutos de silencio, las lágrimas, las marsellesas y los alegatos de "todos somos París", no pasan, por más que lo intenten, del apunte folclórico y del espectáculo  para consumo. Ni siquiera las declaraciones sobre que esta es una guerra librada en otra dimensión (la tercera guerra mundial en fascículos que dijo el papa) contra el modo de vida, los valores determinantes del mundo de occidente, esas sobre las que tanto empeño han puesto comentarios y escritos mediáticos,  han servido de nada para que los dirigentes de las naciones europeas hayan comprendido que deberían seguir fingiendo complicidad si no quieren que esta Unión Europea tan descalabrada en tiempo y modo acabe de derrumbarse a través de las grandes grietas por las que algunos llevamos años viendo se escapa a chorros el agua de la presa.
No estoy dispuesto a discutir ahora que la religión sea o no el opio de los pueblos, como afirmaba Lenin, pero lo que ningún cerebro fascinado por el marxismo más radical, el anarquismo más drástico o la necedad más zapateril podrá discutirme es la enorme influencia, el valimiento, el poder y el gran peso que la religión ejerce sobre las turbas, la plebe y la patulea descerebrada, ignorante y carente de principios morales que en los festejos conocemos como "el respetable" y en el ámbito socio-político occidental como la ciudadanía o, en estas fechas de campaña electoral española, como el noble electorado (por cierto si no me equivoco el catalán Valls anda al asalto de la corona presidencial en menos de año y medio, al tiempo que se celebraran las federales en Alemania, y en unos meses las de USA).
Mas si se trata de una religión como el Islam en la que no existe un referente de autoridad, sino que el primer barbudo resentido se autoproclama imán, líder espiritual, una religión en la que sus adeptos afirman adorar a un dios que les ordena masacrar a inocentes con el mayor sadismo, en la que el crimen, la ausencia de la más mínima empatía hacia los demás (y no digamos piedad, clemencia, compasión o misericordia),  y el desprecio por la mujer, por el progreso a través del trabajo, la sana ambición de superación, el regusto por formar a tus hijos para que lleguen a ser personas de bien, la noble adaptación al desarrollo y prosperidad de una civilización adecuada a los tiempos y los avances científicos y técnicos y por la vida, a la espera de un más allá bendecido con un millar de huríes vírgenes, en definitiva una religión basada en el odio, para qué queremos más.
No voy a debatir ahora si esto es una guerra con el islam, si se debe aniquilar a todo bicho viviente, no solo de las regiones de Irak y Siria, sino también de África y Asia, que tengan relación con la canalla de los de Isis, Al Qaida, o cualquier otra porqueriza semejante, o si Europa y EEUU deben unirse en la defensa de sus ideales o marear la perdiz para no comprometerse con sus "delicados" electores, o poder ofender a mentes tan desquiciadas como las de Podemos, los comunistas de distinto pelaje, nacionalistas, etc. porque no sería democrático, pero lo que sí sé es que (y ya lo he comentado anteriormente) el pastor luterano Niemöller advirtió:
"Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,  yo no dije nada porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio porque yo no era socialdemócrata. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron a por los sindicalistas, y no protesté porque yo no era sindicalista. Luego por los católicos, y yo no dije nada porque yo era protestante. LUEGO VINIERON A POR MÍ PERO, PARA ENTONCES, YA NO QUEDABA NADIE QUE DIJERA NADA"
Y ya vienen a por nosotros y a por los nuestros y lo nuestro. De modo que, para todos aquellos que estén dispuestos a votar a corto o medio plazo, recordad quien no os defendió, quien no hizo uso de los ejércitos creados para ello y quien prometió unos estados unidos europeos y no cumplió, cuando venían a por nosotros y dejaros de velitas, ramos de flores, minutos de silencio y cánticos marchosos y patrióticos. Nuestro futuro y el de nuestros principios es tema mucho más serio que todo eso. Y no olvidemos que la civilización occidental y democrática está criando cuervos que, antes o después, nos sacarán los ojos. Se impone, pues, cortar de raíz toda la mala hierba y luego extender un buen herbicida para que no vuelva a crecer.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Queridos lectores, ante el cariz que han tomado los acontecimientos en la región de Cataluña, que, no por esperados, no dejan de alarmarnos, me he estado reservando opiniones que, por otro lado ya han ido desgranándose en algunos medios de comunicación, si bien sin rematar todas las posibilidades de juicios de valor que pueden destejerse en este asunto.
En realidad ya fue Azaña,  radical socialista y presidente de España en la Segunda República española de 1931 a 1933, quien afirmó que la corrupción de la burguesía catalana se encontraba localizada y controlada por un puñado de familias, siempre las mismas, desde hacía decenios e incluso "siglos". Las manos de esta tropa controlaba y conducía la mayoría del empresariado catalán, a la par que el poder judicial, las fuerzas de seguridad en la región, buena parte de la voluntad de los gobiernos de la nación y, por supuesto, el "sentimiento nacionalista" de los catalanes. A día de hoy nada de todo esto ha cambiado.
Mas parece haberse producido un leve despertar de la conciencia de justicia en las autoridades españolas, sacudida, resucitada por la propia acción extrema del envite independentista desde hace algunos años. ¿Pero a que se ha debido esta carrera frenética hacia "el más allá".
Ya en 1986 comenzaron a despejarse las nubes que ocultaban el expolio del caso "Banca Catalana", que tocaba muy seriamente a los políticos del partido del presidente Jordi Pujol (CiU).
En 1994 estalló un nuevo brote de corrupción de esta gentuza con la estafa del caso de los Casinos de Cataluña, que, naturalmente, aprovechaba nuevamente a CiU y sus próceres, así como a un buen número de industriales.
Esta gente, cumbre solemne de la más señalada burguesía catalana (naturalmente de derechas) vivían convencidos que eran inmunes a cualquier tipo de inspección, vigilancia y, ante todo, penalización de sus corruptas maniobras. Y fue en el mismo parlamento catalán cuando en un ácido debate habido en 2005, Pascual Maragall les acusó públicamente de apropiarse del 3% de todas las operaciones comerciales de la industria de la región a cuyos protagonistas ofrecían contratos con la administración oficial a cambio de esta jugosa mordida. Y allí comenzaron, aquellos gobernantes encargados de proteger el interés de todos los españoles a comprender que, aunque tradicionalmente venían mirando para otro lado ante tanto turbio manejo (no exclusivo de Cataluña, por cierto), ya no podían seguir aceptando lo inaceptable ante la información a la opinión pública destapada por algunos medios de comunicación. Y comenzaron las investigaciones y el seguimiento a los golfos catalanes, encabezados por CDC (fundadores de CiU), su presidente, el "honorable" Pujol, y sus secuaces, entre los que se encontraba Artur Mas.
Aunque tales mafias fascistoides parecía que no concebían que su escudo de protección pudiera llegar a desplomarse, nos deleitaron, en 2009, con otro desfalco, que fue conocido como el caso del Palau de la Música de Barcelona o caso Millet, asombrosa absorción de dinero, previsto para la reforma del palacete de la ópera de la ciudad condal, como tapadera para ingresarlo, en gran medida, en las arcas de CiU. Aún por entonces la judicatura hacíase la tonta y muchas culpas se dejaron prescribir. Pero aquella gentuza ya notaba el aliento de la Policía Nacional y la Guardia Civil en el cogote y comenzaron a intensificar la carrera independentista como escudo final ante el acoso que sentían a sus desmanes. Artur Mas se hizo con el poder del partido  y la presidencia del gobierno catalán en 2010 y encarriló su acción en el poder, no para gobernar con y para el progreso y bienestar de los catalanes, sino dedicando todas las posibilidades económicas, sociales y políticas a un único fin: la independencia de Cataluña del resto de España, ampliando las mentiras, que con Pujol habían servido para sostener el equilibrio de su corrupto gobierno, como que España les robaba, que les oprimía, les impedía desarrollar su lengua, sus costumbres, les amenazaba con el ejercito nacional... que Colón, Santa Teresa y Cervantes, por ejemplo, eran catalanes, que Cataluña había sido un reino alguna vez, ... apropiándose de documentos y obras de arte, fingidamente pertenecientes a Cataluña, impidiendo hablar y escribir carteles en español, depurando a quien no colaboraba con el partido CiU (muy al estilo nazi) y obligando a "exiliarse" a muchos ciudadanos y comerciantes.
Finalmente, en 2012, las innegables evidencias delictivas aconsejaron al gobierno de Rajoy, ya que el estrafalario Zapatero (presidente desde 2004 a 2011) permitía todo, intensificar las investigaciones, ya centradas en el entorno de Pujol y su familia, quien acabó confesando que había sacado de España millones de euros a paraísos fiscales, y a Artur Mas. Este sátrapa, que empezó a verse acorralado, a pesar de que los comunistas de ERC impidieron que fuera abiertamente investigado, se lanzó a la carrera independentista como un pollo sin cabeza llegando a aliarse con la extrema izquierda e incluso con los anarquistas antisistema del partido CUP. Es decir un grupo de burgueses  de derechas nazi unidos con anarquistas y comunistas extremos. ¡Y la gente en Cataluña se lo cree todo!
En resumen que a todos estos mamarrachos les importa una higa Cataluña (que lleva años sin ser gobernada, arruinándose económica, política y socialmente día tras día) y que solo les preocupan los billetes transportados en sacos de basura y su seguridad jurídica y en el poder absoluto.
La mayoría de los catalanes (todos los que sostienen a tanta chusma en el poder) dicen que ahora no van a obedecer a ninguna de las leyes y ordenanzas que provengan del estado español y que declararan la independencia de la región por su cuenta (esto no es la primera vez que lo intentan en la historia). Rajoy nos afirma que no hay que preocuparse. Y yo me preocupo. Me preocupa en manos de quienes está nuestra seguridad y futuro de la nación española.

Por cierto, mientras que estaba escribiendo este comentario tuve noticia de los atentados en París. No voy a escribir lugares comunes que ya se han dicho en todos los medios, y los que no se hayan dicho se dirán en las próximas horas o días, pero, aprovechando la reflexión anterior sobre Cataluña voy a hacer una pregunta:
¿Hay alguna razón para que el miserable Manuel Valls, primer ministro francés, odie tanto a España, para que ofrezca a Artur Mas, si se independiza, que el FC Barcelona pudiera jugar el la liga francesa? ¡Ah! es que su origen es catalán y no puede callar la boca a pesar de la responsabilidad que en este momento pesa sobre sus espaldas. Vamos, que es más catalán que francés, y no digamos que español. Hoy todo el mundo, en los medios de comunicación lanzan misivas afirmando que España hoy es Francia, pero yo afirmo que Francia, ante tanta sangre vertida en mi país por el crimen vasco, nunca ha sido España, y mucho menos con el canalla de Giscard d´Estaing. ¿Por qué los franceses nos odian tanto?

domingo, 25 de octubre de 2015

Es natural que los lectores de este blog de más allá de las fronteras españolas, que son, con diferencia, los que más me leen, como ya dije hace unos días, porque en mi país me vienen leyendo tres y el cabo, y la mayoría de ellos son amigos, familiares y conocidos, no estén al cabo de los graves acontecimientos políticos y sociales que devoran las entrañas de este país, o que posean una información parcial o equivocada. Pues a todos ellos quiero dedicar la reflexión de hoy.
No descubro nada si afirmo que la Segunda Guerra Mundial fue, sin lugar a dudas, la continuación de la Gran Guerra, el renacer de la Primera Guerra Mundial cuyas brasas no se habían apagado y bastó la aparición de un líder carismático que devolvió la confianza, la dignidad y la autoestima al pueblo alemán, que les había sido arrebatada en el salón de los espejos del palacio de Versalles por unos políticos necios que valoraban más la venganza que aquello que dictaba el sentido común, para que la sangría del primer tercio del siglo XX resucitara con vigor fortalecido por la esperanza germana en un desquite por el ultraje y la ruina nacional sufrida veinte años antes. Claro que aquel "mesías" era un degenerado, un criminal, un resentido y un soberbio y, afortunadamente, un enajenado, inútil y ególatra, y digo afortunadamente porque si hubiera sido un individuo inteligente, capaz y buen estratega, a estas horas Europa sería una gran Alemania unificada, un enorme Sacro Imperio.
Supongo también informados a mis lectores de otras naciones que España sufrió una guerra civil desde 1936 a 1939, como todas las guerras civiles, con origen en diversidad de factores más lejanos o más próximos. Pero fundamentalmente iniciada en 1931 a raíz de un "golpe de estado" llevado a cabo por los republicanos, las fuerzas de izquierdas unidas (que se denominaba Frente Popular) y los anarquistas (creo que de esta época ya he escrito hace algunos meses), que consideraron a su favor el resultado de unas elecciones municipales, para declarar por su cuenta la Segunda República de España y expulsar al rey Alfonso XIII. La susodicha república resultó una gran calamidad y un refugio de terroristas y malhechores (muchos delincuentes comunes sacados de las cárceles por las turbas revolucionarias), e incapaz de resolver los problemas que, es innegable, acuciaban a la población española, pobre, hambrienta e inculta. La situación llegó a tal crispación que una junta militar convocó a parte del ejército y se levantó en armas contra aquella insostenible situación. Aquella guerra la ganaron los militares sublevados que mandaba el general Francisco Franco quien gobernó la nación durante 35 años más.
A día de hoy, y tras haber, presuntamente, superado aquellos 40 años de historia mediante la declaración unánime de una monarquía democrática parlamentaria y constitucional, España se encuentra inmersa en una guerra civil, de momento no sangrienta, que, como en el caso de las guerras mundiales del siglo pasado,  no es sino la segunda parte de aquel lamentable episodio de nuestra historia reciente. Pero ¿Cómo es eso? se preguntarán la mayoría de los lectores. Bueno, en los EEUU de Norteamérica también tuvo lugar una guerra civil que se llamó de Secesión que, afirmo, no ha concluido tampoco. Afortunadamente para los yanquis todavía les une el patriotismo y su bandera, pero en España los símbolos y sentimientos patrióticos han sido destruidos por una interminable sucesión de políticos de corrompida intelectualidad e intereses personales, que han jugado de manera irresponsable con las necias pasiones de un pueblo ignorante, facilitando o provocando, nuevamente, la división de la nación en dos bandos, de los cuales uno, concretamente las izquierdas, los nacionalistas y los anarquistas, que hoy llaman antisistema, lleva tiempo dando muestras de sus métodos violentos, cuando no criminales y el desprecio a las leyes y a los derechos de la mayoría de los ciudadanos. El otro bando consiente, lamenta, concede, otorga, soporta, se queja (no siempre), bendice y trabaja intensamente y exclusivamente en resolver los problemas económicos domésticos. Así el PP es como esas madres  con hijos delincuentes que se pasan la vida afirmando que sus retoños "no son malos chicos" y que "son las malas compañías las que les influye", pero en definitiva nada resuelven.
La situación en España está llegando a tal extremo que en pocos meses los pueblos y ciudades, las regiones y la misma nación resultará ingobernable de todo punto, y, en un segundo tiempo, estallará volando por los aires la delicadísima paz social, sostenida, de momento, por la paciencia de el bando conservador.
Pero esto se veía venir. La creación de 17 regionalidades conocidas como comunidades autónomas, poseedoras de sus propios estatutos (sus propias "constituciones"), cuyo texto las enfrenta a la Constitución del Estado donde cada macho alfa hace lo que le da la gana, incumple las leyes, apoya o promueve la corrupción más abyecta (como en Andalucía o Cataluña), establece en su feudo un régimen fascista excluyente (como en Cataluña), marxista asesino (como en Vascongadas) o socialista nepótico y clientelar (como en Andalucía); donde atacar al estado, sus instituciones (que incluye las fuerzas armadas y de seguridad del estado), símbolos, tradiciones, religión mayoritaria y sus practicantes, es atacar al estado que se quiere derribar pero fuera de las urnas; donde alterar la historia de la nación más antigua de Europa introduciendo mentiras como verdades irrebatibles para pasto de las mentes ignorantes (la mayoría), los educandos y fuerzas afines, donde la educación de los niños y jóvenes se dirige desde los gobiernos de las comunidades hacia un fin ideológico concreto y donde todo vale porque nadie se decide a dar un puñetazo en la mesa y acabar con semejante descalabro (los jueces deudores o el gobierno del PP) o donde partidos que siempre han sido respetuosos con la constitución española, y la unión y equilibrio social de la nación (como el PSOE) para hacerse con el poder se alían con grupos antiespañoles, radicales y antisistema (Pedro Sánchez es como Zapatero de necio pero aún más ambicioso), todos ellos en un acceso de resentimiento histórico anhelantes de ganar la guerra civil que perdieron en 1939 sus abuelos (ya nadie queda que viviera la contienda) e instaurar la república. Pero no una república cualquiera, sino aquella república impuesta en 1931, pero adobada de todo tipo de mentiras, falsedades, calumnias, patrañas, fábulas y disfraces, para consumo, una vez más, de ignorantes y parroquianos.
Tras las últimas elecciones la mayoría de los pueblos, ciudades y Regiones españolas están gobernados no por un ciudadano elegido en las urnas, sino por tres, cuatro y hasta cinco individuos unidos en un matrimonio imposible con el único fin de derribar al partido más votado (el PP) y controlar el poder, aunque con ello arruines el país.
No voy a cansar a los lectores con tanta pesadumbre. Esto no puede acabar bien. Clarísimamente la democracia instalada en una tierra de golfos, vagos, vividores, ruines, meamisas y folclóricos al uso, ha sido un fracaso... como era de esperar. Y... esto no puede acabar bien.
En fin, que otro día hablaremos de Portugal.

viernes, 16 de octubre de 2015

No es extraño en mí, desde hace algún tiempo, que haga referencia a algún comentarista al que he leído , para bien o para mal, en mis glosas de este blog, y en el día de hoy me referiré al artículo de Hermann Tertsch, al que siempre he considerado un hombre de ideas y prosa muy acertadas, en general, pero para estar en desacuerdo. Refiriéndose al denigrante y golpista espectáculo montado por los catalanes a la llegada de Mas a los tribunales y los días anteriores el resto del hampa a su servicio, Tertsch decía: "Por España y por toda Europa tras el día de ayer solo hay un mensaje para el separatismo: que por las malas nadie puede ni podrá con el Estado de Derecho y la Democracia". Pues no es cierto. No es cierto. A mí me resulta un comentario ingenuo que confunde su deseo con la realidad. La representación ceremonial,  la fanática celebración ritualista, la apoteósica conmemoración del golpe de estado de los catalanes contra el legítimo gobierno de España, por cierto que apoyados por todos los grupos de izquierda, que incluye al PSOE y Ciudadanos, en los juzgados barceloneses, pudo tener lugar gracias a la flagrante falta de patriotismo, de convicción en sus promesas y en sus principios, acomplejamiento y en definitiva falta de pelotas, de todos los presidentes españoles y muy especialmente de Rajoy, al que sus votantes le dieron en la mano todos los triunfos para jugar esta partida sin problemas, y que, cuando ya todo está perdido, tiene la desfachatez de pasarle la patata caliente a los tribunales de justicia, esos que no quieren problemas, en el caso más favorable (véase la evolución del proceso de los ERE y los cursos de preparación para parados en Andalucía), tras haber desatendido su inexcusable obligación de actuar contundentemente en una acción de gobierno para la nación que dirigen y a la que representan, pero, en cualquier caso. muchos años antes.
Lástima, digo yo, que me lean cincuenta veces más los rusos, treinta veces más los estadounidenses o alemanes que los españoles, compatriotas, estos, mucho más cómodos con su condición de súbditos, de vasallos que de ciudadanos libres y cuyo interés en reflexiones como las mías tiende a cero. Un español se siente muy satisfecho por vivir, a día de hoy, en un sistema "democrático", a la ibérica, que consiste en votar cada cuatro años a un golfo, a un asesino, un canalla, a un cobarde, a un antiespañol o, en general a un delincuente, pero perteneciente a un partido político "amado", y luego dedicarse a discutir de fútbol, de las maravillas de su automóvil o que hay una moza en su empresa a la que tiene en el bote y, por supuesto, a compartir la opinión de lo malos que son los políticos de los otros partidos diferentes al de sus amores.
Por lo que concierne al Partido Popular ya llegan muy tarde para levantar sus miserias del estercolero votacional. Están convencidos de que pueden arreglar su debacle, que ha provocado la "espantá" de quienes confiaban en ellos paseando a Rajoy por las calles y tomando cañas. Pero, lo siento, sigue pareciendo un tipo antipático, como la mayoría de los estirados miembros de su gobierno. Pero además lo que ha traído la desgracia al Partido Popular ha sido la falta de compromiso con los principios de sus votantes, que evidentemente no son los suyos, que debieron defender de manera radical, impositiva y terminante, y haber ignorado aquellas envenenadas trochas que les imponían las izquierdas disfrazadas de democráticas o, dicho de una forma más europea, de social-democracia, que continuamente amenazaban a su intranquila y acomplejada moral llamándoles fascistas (que se lo han llamado igual), franquistas  (que se lo siguen llamando), o bien restos casposos de la derecha extrema, algo que se lo han creído hasta en el mismo PP. Vamos que el virus que ha forzado a sus votantes a abandonarlos en masa es, principalmente, la falta de cojones para defender sus ideales y la traición a unos principios irrenunciables, es decir la deslealtad, la deserción y la apostasía política a la patria.
Insisto en que me gustaría que hubiera en España más lectores de mi blog para que estas opiniones, que son exclusivamente mías, y no las vendo ni las alquilo, sirvieran de reflexión a todos aquellos que prefieran pensamientos y manifestaciones diferentes y, por supuesto, totalmente independientes distintas de las que no pararan de deponer sus señorías hasta el 10 de Diciembre... y después.

viernes, 2 de octubre de 2015

Aproximadamente en el año 375 de nuestra era el bestial pueblo Huno embiste con furia a la Europa oriental desde las tierras esteparias de Asia. Las distintas tribus godas, cuyo origen se remonta al sur de Suecia desde donde marcharon, buscando un clima más favorable, y asentadas a orillas del mar Negro, fueron empujadas por aquellos al interior del imperio romano donde penetraron en calidad de refugiados. Roma, con cuyas legiones tuvieron anteriormente sus diferencias, les prometieron tierras para que se asentaran en paz. Los Visigodos deambularon y deambularon y deambularon por el noreste del imperio, como miserables errabundos pasando hambre, frio y enfermedades, pero el imberbe y débil emperador Honorio, mal aconsejado por sus asesores, rompió por tres veces sus promesas al pueblo de  Alarico, y su cuñado Ataulfo, a los que consideraba poco menos que animales irracionales incapaces de pensar por sí mismos. Pero se equivocaba. Se equivocó en todo, porque las tropas de Alarico y Ataulfo saquearon Roma sin piedad, en el 410, protagonizando el principio del fin de un imperio que, en aquel momento, tenia los pies de barro, sin unión entre sus dirigentes, saturados de ambición personal y sobrados de soberbia.
Mil seiscientos años después, otras bestias que llamamos islam, provocan un éxodo de gentes desde el Oriente Medio hacia, nuevamente, la Europa "rica", donde se come todos los días, donde se duerme en unas mullidas camas y se vive bajo un techo sin que nadie te mate o te persiga por ser quien eres o pensar como piensas (bueno menos en Vascongadas y Cataluña), y nuevamente se encuentran abandonados deambulando y deambulando y deambulando, pasando hambre, sed, frio y enfermedades sin que nadie se ocupe de darles tierras, porque son bestias, ignorantes y dañinos para una sociedad que está encantada de su dulce balancear sobre el yate de lo que han dado en llamar estado de bienestar, algo que, por otra parte, nada tiene de bienestar para una mayoría de sus ciudadanos, algo evidente sobre todo para el grupo de aquellos que todavía piensan y sienten.
El final de esta segunda historia está todavía sin escribirse, pero muy cerca de temerse. En ambos casos la Europa "civilizada" se desmorona abiertamente sobre sus propias y perfumadas cenizas, y bajo un celestial y laureado techo incapaz de comprender nada que no fueran reflexiones de centímetros de alcance y razonamientos de manual político para darse cuenta de su inminente ruina.
Yo no creo en que aquellos culpables de este drama paguen su maldad en la otra vida. Yo no soy creyente, como ya saben. pero quien sí pasa la factura sin remedio es la historia. Puede que pasen otros 1.600 años antes de que resulte evidente la perversidad y crueldad europea, quien sabe, mas yo creo que mucho antes este imperio que llamamos Comunidad Europea habrá desaparecido, por las malas (detestándose unos a otros) o por las peores, en el curso de una nueva guerra mundial. Yo apuesto por esta segunda opción.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Hoy quiero recomendar vivamente a los seguidores de este blog la lectura del artículo que en el diario ABC del día 11 de Septiembre del actual, firma el  periodista José María Carrascal y que titula  "El Comunismo del Siglo XXI", algo que se puede conseguir, naturalmente, por Internet. Y aconsejo la lectura de este artículo, algo que no es lo habitual en mí, es porque este magnífico periodista se me ha adelantado en el examen que hace de la actual crisis de la avalancha de los refugiados, o como los quieran llamar, reconozcámoslo, con el acertado verbo que caracteriza a don José María. En efecto, la idea sobre la que él reflexiona he estado a punto de desarrollarla yo en este blog porque es algo evidente a nada que se interese uno en pensar sobre los fundamentos y el destino de la fracasada Comunidad Europea; vamos que salta a la vista: ¿Por qué será que los países cuyo comportamiento, ante la avalancha de inmigrantes huyendo del crimen del islam (que se acerca más al nacionalismo, al nacional-socialismo, al fascismo), son aquellos que estuvieron prendidos a la órbita soviética de la URSS? Resulta que Polonia, "Checoeslovaquia", Hungría, Rumania, "Yugoeslavia" y ¡Austria! maltratan a los desgraciados que escapan de una muerte segura con su familia y lo puesto, los apalean, los patean, les niegan la comida, la bebida los cuidados médicos y el transporte para desplazarse  al corazón de una Europa a la que estos países detestan. Y si nos falta por citar a las Repúblicas Bálticas, Bielorrusia, Ucrania (pobre Ucrania) y Bulgaria es porque a ellos no les ha tocado el problema directamente todavía. Y digo yo ¿qué pintan esas tierras en una comunidad de naciones  cuyo espíritu, moral, proyecto, ideales y fines no solo no comparten, sino que sus filosofías socio-políticas se acercan más a la demencia islámica? Naturalmente el único beneficio que hasta ahora han aportado al resto de Europa es evitar que caigan en las ávidas garras del maléfico Putin.
Afirma Carrascal en su artículo que el comunismo no se dedica a preparar y prepararse para un mundo "feliz y humano" tal y como predica, ni a la manoseada igualdad entre los hombres, ni el reparto de la riqueza entre todos por igual, sino todo lo contrario. Bueno, eso yo ya lo sabía, y seguramente José María también, y es más, añádase al manojo de marxistas desbocados el socialismo  agazapado como manso corderillo ente las faldas de la señora democracia, añado yo, el socialismo, por ejemplo del necio Zapatero o del botarate de Pedro Sánchez, que insiste todavía en acusar a Rajoy de ultraderechista, a propósito de que por su edad nunca le ha tocado desfilar a paso de la oca, por imperativo legal, ante un auténtico ultraderechista, en un ambiente de espeso nacional-socialismo, como el que crece en Cataluña o como los que están surgiendo por toda Europa como reacción a  las crisis inmigratorias que no se sabe o no se tiene intención de resolver. Pero si cuela en el estúpido electorado...
Termina su aserto Carrascal diciendo: "Por si no hubiéramos tenido bastantes ejemplos en el siglo XX de los daños que el totalitarismo de izquierdas causa en los países como en las personas, resurge en el siglo XXI, al socaire de la crisis para vendernos su averiada mercancía persiguiendo lo único que busca: el poder, que incluso enarbola en su nombre. Poder, además, absoluto, para decirnos no solo lo que tenemos que hacer sino también lo que debemos pensar... y ahora del brazo de uno de sus grandes enemigos, el nacionalismo".
Hace años, en un iluminado suelto, Julio Ariza hacía la siguiente comparación:
La extrema derecha no considera al individuo, sino al orden social en el que este se debe integrar, pues existe un orden natural supremo al hombre y con destino en lo universal que hay que respetar y no permitir que nadie se aleje de él por el procedimiento que sea.
La extrema izquierda (o simplemente la izquierda, afirmo yo) solo considera al individuo para cambiarlo a su gusto y criterio. No acepta al hombre real y lo persigue para cambiarlo mediante decreto, y transformarlo en un hombre nuevo. Igual maniobra lleva a cabo con la sociedad, y ello aunque para lograrlo deba emplear el crimen, y conseguir ajustar las personas a las ideas.
Hace tiempo que yo dediqué un ensayo a defender que los dos totalitarismos en competición durante el siglo XX, el marxismo y el fascismo-nazismo, no nacen de un pensamiento convectivo, son dos posturas reactivas entre sí con un origen común, que acaban por darse la mano en razón a la encorvadura del tiempo, que demostró Einstein. Y habiendo nacido ambos en reacción a otro concepto opuesto, deberían esfumarse al desaparecer el contrario. Pero los conceptos extremos de derechas desaparecieron y en cambio perduraron, y se mantienen hoy día, las ideas comunistas y socialistas que se han negado a desaparecer segadas por la guadaña de la evidencia social capitalista, aferrándose, parasitando otros fenómenos de pujanza más duradera como el apoyo a la causa palestina, a movimientos feministas, anticlericales, antisistema, , ultranaturalistas, antimonárquicos y, sobre todo, nacionalistas. Pero la negativa a desaparecer, cuya causa final es mantener el poder como sea, vuelve, como en una espiral, a provocar el mismo fenómeno reactivo que en el siglo XX, vuelven a fermentar las causas de ultra derecha con una fuerza que se están negando a reconocer y a divulgar. Hoy por hoy no ha surgido un líder que aune las fuerzas de estos grupos, ahora dispersos, pero la torpeza de estos socialistas y comunistas, que, curiosamente, se llaman democráticos, conducirá de nuevo a Europa a otro ruinoso drama.